¿Qué cambios habría que implementar para que la Argentina retome la senda del desarrollo con inclusión social duradera? ¿Cómo se podría mejorar el uso del gasto público para pegar un salto de calidad en educación, salud, justicia, viviendas e infraestructura, que hoy avanzan a paso demasiado lento? En estos días donde se discute el nivel de violencia social, el aumento del delito y la marginalidad, la invasión "narco", creo que se debería reflexionar en estas dos preguntas. Porque su respuesta podría ser parte de la solución.
¿Qué pasó que tenemos un estancamiento económico y aumento de la pobreza desde hace casi tres años?
Desde el año 2003 hasta el año 2011 el producto bruto interno creció a tasas superiores al 7% anual, excepto en el 2009 donde hubo una pequeña recesión debido a la crisis financiera internacional y la depresión del comercio exterior mundial. Sin embargo, a partir del inicio del segundo mandato de CFK las tasas de crecimiento económicas se han vuelto decepcionantes para un país emergente: 1.9% en 2012, 3% en 2013 y, a enero de este año ronda el 1.2% interanual. ¿Habrá influido una débil economía mundial tirando para abajo nuestro crecimiento? ¿O será la consecuencia de las medidas del gobierno implementadas en estos últimos años recientes?
El kirchnerismo recibió una economía resucitada de la gran depresión de fin de siglo, pero todavía en terapia intensiva. En el marco de una economía bastante liberalizada por las reformas menemistas, el combo de ajuste ortodoxo con maxidevaluación y default alentó una rápida recuperación del sector agrícola e industrial, y una disminución brusca de las importaciones permitió una balanza comercial superavitaria. Es decir, por primera vez en décadas teníamos un excedente de divisas para financiarnos sin nuevo endeudamiento exterior. El primer mandato de Néstor se caracterizó por un Estado superavitario que recaudaba cada vez más, alimentaba la demanda agregada con subsidios y subas de salarios y jubilaciones, acumulaba reservas, aprovechaba los altos precios de las commodities, e incluso renegociaba la deuda externa en default. Las inversiones extranjeras no eran gigantes, pero se mantuvieron mayormente entre 4.000 y 7.000 millones de dólares por año. Se lo criticaba por el resurgimiento de la inflación, por casos de corrupción con fondos públicos y por ciertos arranques de autoritarismo, pero durante la mayor parte de su mandato más del 70% de la población tenía una imagen positiva de él.
Este esquema se fue deteriorando paulatinamente a medida que avanzó el tiempo, y ya con Cristina en el sillón presidencial se empezaron a requerir ciertos ajustes. El modelo presentaba signos de agotamiento. Cuando Cristina fue reelecta se hacía necesario una devaluación que equilibrara el sector externo, a punto de ser deficitario por primera vez; también se requería un ajuste fiscal para disminuir la emisión sin respaldo que financiaba gasto público, y aparentemente alimentaba aun más la inflación. La decisión fue no devaluar, sino hacer una mayor intervención de la economía y borrar los últimos rastros de la liberalización de los años noventa. Se terminó con la convertibilidad del peso, y se pasó a un esquema de control de cambios que derivó en un desquicio cambiario con numerosas cotizaciones. Se empezó a regular las importaciones mediante permisos, que hasta el día de hoy son aprobados o desaprobados con nula transparencia y absoluta discrecionalidad. La mayoría de inversores locales y extranjeros todavía tienen mucha cautela para iniciar grandes proyectos. Las reservas empezaron a disminuir estrepitosamente y el crecimiento económico es cada vez más cercano a cero, con nula creación de empleo a excepción del Estado que paga sueldos con emisión monetaria o deuda provincial. La inflación y el empleo en negro aumenta la cantidad de familias bajo la línea de pobreza día tras día. Mientras tanto la economía mundial, aunque menos robusta que en otras épocas, sigue creciendo por el empuje de los grandes mercados emergentes. ¿Estaremos haciendo algo mal nosotros?
lunes, 7 de abril de 2014
sábado, 29 de marzo de 2014
¿El kirchnerismo fue una anomalía social-demócrata peronista?
De acuerdo a la declaración de principios de la Internacional Socialista, la organización mundial de partidos socialdemócratas, socialistas y laboristas, la "socialdemocracia" adhiere a las siguientes ideas:
- Una economía mixta que consta tanto de propiedad privada y propiedad pública o los programas subvencionados de educación, cuidado de salud universal, cuidado infantil y los relacionados servicios sociales para todos los ciudadanos.
- Un amplio sistema de seguridad social, con el objetivo declarado de contrarrestar los efectos de la pobreza y asegurar a los ciudadanos contra la pérdida de ingresos a raíz de enfermedad, desempleo o jubilación.
- Organismos gubernamentales que regulen la empresa privada en defensa del trabajador y de los consumidores, garantizando los derechos laborales (es decir, apoyar el acceso de los trabajadores a los sindicatos), y de los consumidores la protección y la competencia de mercado.
- Ecologismo y protección del medio ambiente a través de las leyes, por ejemplo, la financiación de energía alternativa, además recursos y leyes destinados a combatir el calentamiento global.
- Sistemas de impuesto progresivo para financiar los gastos del gobierno.
- Una política social secular y progresista.
- Inmigración y multiculturalismo.
- El comercio justo en libre comercio.
- Una política exterior de apoyo a la promoción de la democracia, la protección de los derechos humanos y en lo posible, a partir del multilateralismo.
- Promoción de la justicia social, los derechos humanos, derechos sociales, derechos civiles y libertades civiles.
En mi opinión, el kirchnerismo representó con aciertos y desaciertos este conjunto de valores durante la mayor parte de sus gestiones. Sus alianzas y concertaciones con partidos por fuera del PJ conformaron la estructura inicial de un proyecto político con estas características.
Sin embargo hubo dos momentos donde el gobierno pareció radicalizarse y se acercó más al populismo latinoamericano tradicional con una propaganda oficial agresiva, un discurso polarizador y divisor de la sociedad (en vez de integrador) y una intervención brusca, improvisada e ineficiente del comercio exterior y otros sectores económicos. El primero fue durante la "crisis con el campo" por la resolución 125 y otro momento la llamada "profundización del modelo" durante fines de 2011 y todo el 2012, donde se tomaron medidas similares a la gestión chavista (que a su vez son semejantes al peronismo de 1946-1952 y de 1973-1974).
Aparentemente, la sociedad argentina decidió acompañar más al kirchnerismo en sus etapas moderadas (con excelentes resultados electorales en 2005, 2007 y 2011) y lo castigó en sus intentos de radicalización (2009 y 2013).
En estos últimos meses se ve una tendencia a dejar de lado algunas banderas típicas de la izquierda para hacer un giro hacia un mayor "conservadurismo popular ortodoxo", que también ha convivido con el peronismo desde sus inicios. Un cambio posiblemente influenciado por el revés electoral y la revitalizada presión de los factores de poder para que Argentina se aleje del modelo populista bolivariano.
Creo que si Cristina hubiese continuado con medidas más cercanas a las socialdemocracias del siglo XXI, con un manejo económico más prudente y menos inflacionario, mayores inversiones en infraestructura y transporte público, sumado a un discurso integrador menos agresivo, tranquilamente el resultado de 2013 habría sido diferente y posiblemente el FPV tendría mucho más acompañamiento popular que el que está registrando en este momento.
martes, 25 de marzo de 2014
¿Tiene chances el Frente Progresista-UNEN en 2015?
Si repasamos los resultados de las elecciones parlamentarias del año pasado, se puede ver que aproximadamente un 25% de los ciudadanos eligieron legisladores de la UCR, del FAP, del UNEN o de frentes locales integrados por las mismas fuerzas. No parece ser mucho para una presidencial, donde se necesita por lo menos un 40% y una distancia de 10 puntos para ganar en primera vuelta.
¿Pero qué pasaría si el peronismo se fragmenta en tres? ¿Qué pasaría si el kirchnerismo va con un candidato propio como Randazzo o Uribarri, obligando a Scioli a competir por afuera del FPV, y si Massa no declina su candidatura en el Frente Renovador?
Es posible entonces que el candidato de FAP-UNEN que gane las primarias llegue a seducir al 25-30% del electorado que acompañó constantemente a sus diferentes coaliciones en 2009, 2011 y 2013. Y este 25-30%, aunque pobre, podría ser suficiente para acceder a un ballotage contra Massa, Scioli o Randazzo/Uribarri. (Por el momento Macri no despega mucho en las encuestas)
En los últimos años fue terrible la performance de estas fuerzas no justicialistas en las elecciones a gobernadores. Sólo lograron el acompañamiento de una porción de la clase media tradicional, pero casi nada de jóvenes, y mucho menos sectores de ingresos bajos. Esto contribuyó a fortalecer la estructura hegemónica del "matrimonio" Kirchnerismo-PJ, que en su momento de apogeo llegó a contar con el 80% de los mandatos ejecutivos en los 50 distritos más poblados del país (tanto provincias como municipios). De los distritos grandes solo Corrientes, Santa Fe, Córdoba capital y Rosario tienen gobernadores o intendentes que pueden identificarse dentro de este armado opositor al gobierno nacional.
Sin embargo, juzgando por los resultados de 2013, hay por lo menos diez provincias sumadas a la Ciudad de Buenos Aires, donde podría llegar a ganar esta nueva coalición de centro-izquierda moderada. Obviamente sólo si prevalecen la renovación generacional, la unidad programática, la visión estratégica y el deseo de triunfar.
Si bien la política no se debe explicar matemáticamente, pareciera insinuarse una lista de provincias con altas probabilidades de tener un gobernador del FAP-UNEN en 2015, teniendo en cuenta la suma de votos de esas fuerzas en Octubre de 2013 (o sumaron más de 40%, u obtuvieron entre 25% y 39% pero casi empatados con el otro partido mayoritario).
1. C.A.B.A. 32,2%
2. CORDOBA 29,4%
3. SANTA FE 42,3%
4. MENDOZA 49,6%
5. CORRIENTES 47,1%
6. JUJUY 39,8%
7. CATAMARCA 40%
8. LA RIOJA 46,5%
9. LA PAMPA 34,4%
10. RIO NEGRO 40,7%
11.SANTA CRUZ 42,1%
¿Pero qué pasaría si el peronismo se fragmenta en tres? ¿Qué pasaría si el kirchnerismo va con un candidato propio como Randazzo o Uribarri, obligando a Scioli a competir por afuera del FPV, y si Massa no declina su candidatura en el Frente Renovador?
Es posible entonces que el candidato de FAP-UNEN que gane las primarias llegue a seducir al 25-30% del electorado que acompañó constantemente a sus diferentes coaliciones en 2009, 2011 y 2013. Y este 25-30%, aunque pobre, podría ser suficiente para acceder a un ballotage contra Massa, Scioli o Randazzo/Uribarri. (Por el momento Macri no despega mucho en las encuestas)
En los últimos años fue terrible la performance de estas fuerzas no justicialistas en las elecciones a gobernadores. Sólo lograron el acompañamiento de una porción de la clase media tradicional, pero casi nada de jóvenes, y mucho menos sectores de ingresos bajos. Esto contribuyó a fortalecer la estructura hegemónica del "matrimonio" Kirchnerismo-PJ, que en su momento de apogeo llegó a contar con el 80% de los mandatos ejecutivos en los 50 distritos más poblados del país (tanto provincias como municipios). De los distritos grandes solo Corrientes, Santa Fe, Córdoba capital y Rosario tienen gobernadores o intendentes que pueden identificarse dentro de este armado opositor al gobierno nacional.
Sin embargo, juzgando por los resultados de 2013, hay por lo menos diez provincias sumadas a la Ciudad de Buenos Aires, donde podría llegar a ganar esta nueva coalición de centro-izquierda moderada. Obviamente sólo si prevalecen la renovación generacional, la unidad programática, la visión estratégica y el deseo de triunfar.
Si bien la política no se debe explicar matemáticamente, pareciera insinuarse una lista de provincias con altas probabilidades de tener un gobernador del FAP-UNEN en 2015, teniendo en cuenta la suma de votos de esas fuerzas en Octubre de 2013 (o sumaron más de 40%, u obtuvieron entre 25% y 39% pero casi empatados con el otro partido mayoritario).
1. C.A.B.A. 32,2%
2. CORDOBA 29,4%
3. SANTA FE 42,3%
4. MENDOZA 49,6%
5. CORRIENTES 47,1%
6. JUJUY 39,8%
7. CATAMARCA 40%
8. LA RIOJA 46,5%
9. LA PAMPA 34,4%
10. RIO NEGRO 40,7%
11.SANTA CRUZ 42,1%
Según mi visión del mundo y la política, las sociedades "respiran" y establecen bases para progresar mediante la alternancia de diferentes liderazgos y cuadros políticos en la función pública. Y en algún momento será necesario para la maduración democrática e institucional que las fuerzas de tradiciones radicales-socialistas (u otras nuevas) accedan al poder y terminen por lo menos un mandato constitucional de cuatro años, o dos períodos consecutivos.
¿En caso de que en un futuro cercano ganen, aprenderán de los errores del período alfonsinista y de la Alianza? ¿Podrán incorporar el crecimiento económico, la infraestuctura y la seguridad a la identificación tradicional de radicales y socialistas con la educación, la salud y la justicia? ¿Estarán esas fuerzas alguna vez a la altura de las circunstancias?
¿En caso de que en un futuro cercano ganen, aprenderán de los errores del período alfonsinista y de la Alianza? ¿Podrán incorporar el crecimiento económico, la infraestuctura y la seguridad a la identificación tradicional de radicales y socialistas con la educación, la salud y la justicia? ¿Estarán esas fuerzas alguna vez a la altura de las circunstancias?
lunes, 24 de febrero de 2014
Un poco de historia II
"Si se analiza la política económica del gobierno, pueden distinguirse dos períodos bien diferenciados: el que abarca los primeros 6 años y el que comprende los últimos 3. Durante el primero de ellos, el gobierno implementó una política guiada por tres objetivos básicos: redistribución de ingresos, expansión del empleo y aumento del involucramiento del Estado en la producción nacional. Existían en ese momento condiciones favorables para tales iniciativas: el país contaba con una importante masa de reservas internacionales, mientras que la demanda y los precios internacionales de los productos agropecuarios de exportación eran altos.
Los fines redistribucionistas se veían favorecidos por la expansión del consumo que permitía el aumento de salarios reales y el mayor nivel de empleo urbano. La otra cara de estos fenómenos era el crecimiento de la producción y de las importaciones.Las medidas de protección arancelaria, el régimen de cambios y el crédito industrial, favorecieron el crecimiento industrial. Esto generaba una dinámica que favorecía el aumento de la ocupación, especialmente en el sector manufacturero. Simultáneamente, el empleo también crecía en la esfera de la administración pública, en gran medida como resultado de la ampliación de los ámbitos de acción del Estado.
El Estado fue progresivamente concentrando el desempeño de funciones claves, vía la nacionalización de los servicios públicos y un mayor control sobre el sistema financiero y el comercio exterior. El producto bruto interno creció, aunque también los hicieron los precios,y el sector externo comenzaba a mostrar dificultades: por un lado, debido a la expansión de las importaciones, la nacionalización de los servicios públicos y el rescate de la deuda externa, las reservas cayeron abruptamente, al tiempo que el gobierno acumulaba nueva deuda externa de corto y mediano plazo. El intento de continuar con la política expansiva, aún frente a restricciones de la oferta, redujo la tasa de ahorro e inversión y elevó el nivel de precios.
A partir de ese momento se entró en un período de crisis que se prolongó por alrededor de tres años y que estuvo marcado por la caída de la producción. La política económica implementada había alcanzado ciertos límites. En particular, la estrategia de industrialización vía sustitución de importaciones practicada hasta entonces había sido insuficiente. El sector industrial no había alcanzado una tasa adecuada de acumulación de capital y seguía siendo fuertemente dependiente de los insumos externos. Como se explica más adelante, esta situación obligó al gobierno a introducir cambios en el rumbo de la política económica.
La crisis se evidenciaba con toda claridad en el balance de pagos. Por un lado, las tenencias de oro y divisas disminuyeron rápidamente como consecuencia del pago de deuda externa, la nacionalización de empresas extranjeras y el aumento de las importaciones. La situación crítica y disputas al interior del gobierno derivaron en el reemplazo del equipo económico, con un nuevo presidente del Banco Central y un nuevo ministro de Economía. Este reacomodamiento redundaría en una redefinición de algunas pautas de la política económica.
Es así como en los últimos tres años de gobierno, se abre una segunda fase en la que las medidas económicas deben adaptarse a un nuevo contexto más restrictivo que el que había predominado hasta entonces. Para entonces parecían agotados los caminos hacia una mayor redistribución de ingresos en favor de los trabajadores urbanos. El ingreso del sector rural estaba ya deprimido, lo que no permitía mayores transferencias. Dados los límites a la importación de insumos para la industria y la plena utilización de la capacidad productiva, no había margen para expandir aún más el consumo. Además, los aumentos de salarios habían alcanzado un techo que no podía tocarse sin provocar aumentos en los costos o un deterioro en las relaciones laborales.
Esta situación cuestionaba el modelo de desarrollo industrial. Además, la necesidad de incrementar la producción de energía y lograr el autoabastecimiento de petróleo también requerían una política de inversiones de mayor envergadura. Debido a las restricciones externas de la economía argentina, gran parte de este esfuerzo quedó en manos de las empresas extranjeras.
Ahora bien, esto generó una nueva dinámica en el plano laboral. Expandir el empleo en el sector público, lejos de redundar en un aumento de la producción de bienes y servicios, originaba mayor gasto y elevaba el déficit. Finalmente, se modificó la política de distribución de ingresos por medio de la imposición de límites a los aumentos salariales. Se intentó poner límites al gasto público y a la expansión estatal dentro de la esfera económica. Se modificó el tratamiento que se otorgaba al capital extranjero y se obtuvieron créditos externos para el desarrollo de determinados proyectos."
Fuente: "Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina. La política económica del peronismo." (1946-1955) http://www.argentina-rree.com/11/11-005.htm
miércoles, 22 de enero de 2014
Un poco de historia
“Luego de 11 años de crecimiento continuo ayudados por los precios altos de nuestras exportaciones agrícolas, la economía argentina no pudo ser ajena a la crisis internacional que afectó nuestras exportaciones. Al ser nuevamente importadores netos de combustible, las divisas del Banco central comenzaron a bajar rápidamente hasta perderse dos tercios del total. Al mismo tiempo, la emisión monetaria se estaba descontrolando.
La presidenta, que por quedar viuda del expresidente genera una ola de simpatía y apoyo en la sociedad, dispone controles de precios para evitar la inflación. Pero son de muy difícil implementación y la economía se sigue deteriorando. Asume un nuevo ministro de economía que acelera la devaluación, dispone un aumento en las tarifas de pasajes aéreos, autoriza subas en combustibles, en servicios públicos y en el transporte. Estas medidas dispararon la inflación, disminuyendo enormemente el poder de compra de los trabajadores. Ante semejante situación, la CGT intentó negociar con el gobierno un mayor aumento de salarios, que gracias al desborde y fuerte movilización de los trabajadores, generaron el primer paro contra un gobierno peronista.”
Fuente Wikipedia. “Rodrigazo” (1975, gobierno de Isabelita Perón)
domingo, 5 de enero de 2014
¿Se viene un Rodrigazo?
Las grandes crisis argentinas en democracia (Rodrigazo en 1975, Hiperinflación de 1989, Corralito del 2001) se dieron cuando coincidieron 4 factores:
1. Debilidad política e inoperancia del Ejecutivo, sea por presión militar, empresaria o popular.
2. Alto déficit fiscal, financiado con deuda o emisión monetaria.
3. Caída brusca de reservas del Banco Central, que las vuelve muy bajas para pagar la deuda externa creciente. Esta caída puede ser por fuga de capitales, déficit en la balanza comercial o altos intereses pagados.
4. Bajo precio internacional de nuestras exportaciones, que no permiten pagar todas las importaciones necesarias, los préstamos adquiridos, ni sumar reservas.
Aunque haya altos niveles de pobreza, se profundicen muchos problemas y crezcan las demandas de la sociedad a un gobierno cada vez más desgastado o "cansado", no se ven estos cuatro factores actuando a la vez en la coyuntura actual.
1. Si bien el gobierno perdió votos e imagen positiva, la fragmentación opositora y los gobernadores endeudados con el Ejecutivo ayudan a la relativa fortaleza de Cristina.
2. El déficit fiscal es alto, pero podría solucionarse bajando gradualmente los subsidios exagerados o aumentando impuestos a pesar del riesgo recesivo de ambas medidas.
3. Si bien se perdieron 40% de las reservas en 2 años, la situación parece estabilizarse con la devaluación, el control a las importaciones y el impuesto al turismo en curso. Todavía no son tan bajas en relación a la deuda externa como en épocas anteriores.
4. Los precios de nuestros productos agrarios en el mercado internacional siguen siendo muy altos.
1. Debilidad política e inoperancia del Ejecutivo, sea por presión militar, empresaria o popular.
2. Alto déficit fiscal, financiado con deuda o emisión monetaria.
3. Caída brusca de reservas del Banco Central, que las vuelve muy bajas para pagar la deuda externa creciente. Esta caída puede ser por fuga de capitales, déficit en la balanza comercial o altos intereses pagados.
4. Bajo precio internacional de nuestras exportaciones, que no permiten pagar todas las importaciones necesarias, los préstamos adquiridos, ni sumar reservas.
Aunque haya altos niveles de pobreza, se profundicen muchos problemas y crezcan las demandas de la sociedad a un gobierno cada vez más desgastado o "cansado", no se ven estos cuatro factores actuando a la vez en la coyuntura actual.
1. Si bien el gobierno perdió votos e imagen positiva, la fragmentación opositora y los gobernadores endeudados con el Ejecutivo ayudan a la relativa fortaleza de Cristina.
2. El déficit fiscal es alto, pero podría solucionarse bajando gradualmente los subsidios exagerados o aumentando impuestos a pesar del riesgo recesivo de ambas medidas.
3. Si bien se perdieron 40% de las reservas en 2 años, la situación parece estabilizarse con la devaluación, el control a las importaciones y el impuesto al turismo en curso. Todavía no son tan bajas en relación a la deuda externa como en épocas anteriores.
4. Los precios de nuestros productos agrarios en el mercado internacional siguen siendo muy altos.
domingo, 29 de diciembre de 2013
¿Cristina Fernández De la Rúa?
Sinceramente no veo a Cristina terminando como Alfonsín o De La Rúa. Por un lado, si bien hay crecientes dificultades económicas, entran muchos dólares del complejo agroexportador, como nunca ocurrió entre 1983 y 2001, y algo se reparte entre el 30% más pobre. Además creo que entre "peronistas" se amenazan, pero no se voltearían, para no quemarse. Y tener casi un tercio de los votos y mayoría en el Congreso con la oposición fragmentada habla de una relativa fortaleza, aunque imposibilita formar un movimiento hegemónico y verticalista.
Ahora, al sumar a Milani se garantiza un Ejército más o menos alineado al Ejecutivo, a diferencia del período radical post-dictadura. Y claro que esto puede disuadir intentos desestabilizadores muy evidentes. Muchos se la harán difícil a CFK estos dos años, pero la mayoría esperará a 2015. Incluso el Papa Francisco influiría para pacificar la interna si se vuelve tan descarnizada.
Creo que lo que viene es un ajuste en cuotas, la resaca de una fiesta consumista con poco sustento de largo plazo. Y ese ajuste puede ser mucha devaluación, mucha inflación, recorte de subsidios o nueva deuda externa. O una mezcla de todas estas opciones.
Obviamente la sociedad factura los ajustes, el gobierno saldrá más desgastado, y la situación de los más pobres bajará un escalón (encima de la escasa infraestructura urbana, de las pocas viviendas sociales en construcción, las tristes condiciones de muchos hospitales y escuelas públicas). Pero no veo una crisis como la del fin de la convertibilidad, sino "estanflación" con contradicciones entre discurso y acción (y mucha desilusión entre varios personas que apoyaban este proyecto). Nada que con mucho trabajo, planeamiento estratégico y generosidad política no se pueda solucionar.
Ahora, al sumar a Milani se garantiza un Ejército más o menos alineado al Ejecutivo, a diferencia del período radical post-dictadura. Y claro que esto puede disuadir intentos desestabilizadores muy evidentes. Muchos se la harán difícil a CFK estos dos años, pero la mayoría esperará a 2015. Incluso el Papa Francisco influiría para pacificar la interna si se vuelve tan descarnizada.
Creo que lo que viene es un ajuste en cuotas, la resaca de una fiesta consumista con poco sustento de largo plazo. Y ese ajuste puede ser mucha devaluación, mucha inflación, recorte de subsidios o nueva deuda externa. O una mezcla de todas estas opciones.
Obviamente la sociedad factura los ajustes, el gobierno saldrá más desgastado, y la situación de los más pobres bajará un escalón (encima de la escasa infraestructura urbana, de las pocas viviendas sociales en construcción, las tristes condiciones de muchos hospitales y escuelas públicas). Pero no veo una crisis como la del fin de la convertibilidad, sino "estanflación" con contradicciones entre discurso y acción (y mucha desilusión entre varios personas que apoyaban este proyecto). Nada que con mucho trabajo, planeamiento estratégico y generosidad política no se pueda solucionar.
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